sábado, 5 de abril de 2014

¿A qué evento se refiere Jesús con la venida del Hijo del Hombre?

¿A qué evento se refiere Jesús con la venida del Hijo del Hombre?
por Diac Gonzalez
Las palabras subrayados o en MAYÚSCULAS son para resaltar y poner énfasis en el párrafo
Única y exclusivamente a la venida del Hijo del Hombre en juicio contra Israel

27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. 28 De cierto os digo que hay algunos DE LOS QUE ESTÁN AQUÍ, que no gustarán la muerte, hasta que HAYAN VISTO al Hijo del Hombre viniendo en su reino. (Mt 16:27-28)
Otras versiones:
(BAD) Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho. Os aseguro que algunos de los AQUÍ PRESENTES no sufrirán la muerte sin antes HABER VISTO al Hijo del hombre llegar en su reino.
(Castillian) Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno conforme a su conducta. Os lo aseguro: hay algunos de los AQUÍ PRESENTES que no morirán sin HABER VISTO al Hijo del hombre venir con su reino".
(Jünemann*) Pues debe el Hijo del hombre de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces remunerará a cada uno según su conducta. En verdad os digo que hay algunos de los AQUÍ PARADOS los que no gustarán muerte hasta que NO VIEREN al Hijo del hombre venir en su realeza».
(DHH C 2002*) El Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos. Os aseguro que algunos de los que ESTÁN AQUÍ no morirán sin HABER VISTO al Hijo del hombre venir como rey.
(BLS) Porque yo, el Hijo del hombre, vendré pronto con el poder de Dios y con mis ángeles, para darles su premio a los que hicieron el bien y para castigar a los que hicieron el mal. Les aseguro que algunos de USTEDES, QUE ESTÁN AQUÍ CONMIGO, no morirán hasta que ME VEAN reinar.»
(PDT) Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con los ángeles y entonces dará a cada cual la recompensa que merece por lo que haya hecho. Les digo la verdad: algunos de USTEDES no morirán ANTES DE VER al Hijo del hombre venir en su reino.
(BLA*) Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta. En verdad les digo: algunos que ESTÁN AQUÍ PRESENTES no pasarán por la muerte sin antes HABER VISTO al Hijo del Hombre viniendo como Rey."
(SA*) Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno conforme a su conducta. Os lo aseguro: Hay algunos de los AQUÍ PRSENTES que no experimentarán la muerte sin que VEAN al Hijo del hombre venir en su reino.
(Oro*) Ello es que el Hijo del hombre ha de venir revestido de la gloria de su Padre, acompañado de sus ángeles, a juzgar a los hombres; y entonces dará el pago a cada cual conforme a sus obras. En verdad os digo que HAY AQUÍ algunos que no han de morir antes que VEAN al Hijo del hombre APARECER en el esplendor de su reino.
("Kadosh") Porque el Ben Ha Adam vendrá en la Gloria de su Padre con sus malajim; y entonces pagará a cada uno de acuerdo a su conducta. ¡Sí! ¡En verdad les digo, que AQUÍ HAY algunos que no experimentarán la muerte, hasta que VEAN al Ben Ha Adam viniendo en su Reino!"
(BPD) Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que ESTÁN AQUÍ PRESENTES no morirán antes de VER al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino".
(CAS) Pero un día vendrá el Hijo del hombre en la gloria de su Padre celestial, y los ángeles con él, y entonces pagará a cada cual de acuerdo con las obras que haya realizado. Ahora bien, yo os aseguro que algunos de los que ESTÁN AQUÍ no morirán sin antes HABER VISTO al Hijo del hombre venir como rey.
(NBE*) Además, este Hombre va a venir entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según sus acciones. Les aseguro que algunos de los AQUÍ PRESENTES no morirán sin VER antes a este Hombre venir como rey.
(NVI) Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho. Les aseguro que algunos de los AQUÍ PRESENTES no sufrirán la muerte sin antes HABER VISTO al Hijo del hombre llegar en su reino.
(TLA) Porque yo, el Hijo del hombre, vendré pronto con el poder de Dios y con mis ángeles, para darles su premio a los que hicieron el bien y para castigar a los que hicieron el mal. Les aseguro que algunos de ustedes, que ESTÁN AQUÍ CONMIGO, no morirán hasta que ME VEAN reinar.»

Pasajes paralelos:
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en ESTA GENERACIÓN adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. 1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que ESTÁN AQUÍ, que no gustarán la muerte hasta que HAYAN VISTO el reino de Dios venido con poder. (Mr 8:38-9:1)

26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles. 27 Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que ESTÁN AQUÍ, que no gustarán la muerte hasta que VEAN el reino de Dios. (Lc 9:26-27)

En estos dos versículos finales (Mt 16:27-28), Jesús se refiere a un evento futuro (no lejano) del cual serían testigos OCULARES algunos de los oyentes. Literalmente, algunos de ustedes, que están aquí conmigo, no morirán sino que estarán vivos cuando ocurra mi venida como Rey de Reyes y Juez divino, para juzgar a Israel, porque he venido a esta generación como Siervo sufriente para anunciar mi reino.

¿A qué evento se refiere Jesús con la venida del Hijo del Hombre?

(1) ¿a su transfiguración?,
(2) ¿a su muerte y resurrección?,
(3) ¿al evento de Pentecostés?,
(4) ¿a la destrucción de Jerusalén (70 d.C.)?, o
(5) ¿a la Segunda Venida futura, tal como lo interpreta el dispensacionalismo milenarista?.

Primero, de una vez descartamos los puntos (2) y (3). Segundo, si Jesús se refiriera a la transfiguración (1) como se interpreta comúnmente, Jesús erró catastróficamente porque ninguno de sus discípulos murió en el intervalo de esa semana, ya que la transfiguración ocurrió exactamente seis días después, como lo asegura Mateo (17:1) y Marcos (9:2), aunque Lucas (9:28) dice que fueron como ocho días después.

Pasajes vinculantes:
1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2 y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. (Mt 17:1)
Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. (Mr 9:2)
Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. (Lc 9:28)

Tercero, si se refiriera a la Segunda Venida futura dispensacionalista (5), Jesús también se hubiera equivocado, pues después de casi 2.000 años no hay nadie vivo de aquella generación. Todos murieron sin haber presenciado la venida del Hijo del Hombre. Así que, descartamos también esta otra opción. Jesús no pudo mentir porque él es la verdad (Jn 14:6) y siempre habló la verdad.

Pasaje vinculante:
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Jn 14:6)

Cuarto, la venida (parusía) se refiere a una única venida, la misma de la que se acaba de hablar, o sea la venida del hijo del Hombre para juicio (Mt 16:27). Al igual que este pasaje, hay otros como el de Mateo (10:23) que contiene la idea de que el Hijo del Hombre regresaría en un futuro cercano pero en ese mismo tiempo, y por ende la conclusión o fin de la dispensación judía estaba cerca, por eso los discípulos tenían que esperarla pronto, en esa misma generación. Otros pasajes son: Mt 23:36; 24:34; Mr 13:30.

Pasajes vinculantes:
Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo de Hombre. (Mt 10:23)
De cierto os digo que todo esto vendrá sobre ESTA GENERACIÓN. (Mt 23:36)
De cierto os digo, que no pasará ESTA GENERACIÓN hasta que todo esto acontezca. (Mt 24:34; Mr 13:30)

Algunos contemporáneos de Jesús la presenciarían, así como Pablo también pensaba que podría presenciar personalmente la segunda venida de Cristo, porque sabía que ocurriría en un intervalo de tiempo desconocido, pero en esa misma generación, no 2000 años después como se ha interpretado erróneamente (Cf. 1Ts 4:15; 1Co 15:51; etc.).

Pasajes vinculantes:
Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que NOSOTROS que vivimos, que HABREMOS QUEDADO HASTA la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. (1Ts 4:15)
He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, (1Co 15:51)

El cumplimiento más natural y exacto de esa profecía, es la destrucción de Jerusalén (70 d.C.), y todos los eventos que envolvieron esa destrucción. El Hijo del Hombre SÍ VINO, pero fue una venida en juicio o retribución sobre Israel, la nación rebelde y apóstata, como lo dijo el mismo Mesías en Lucas (21:20-22).

Pasaje vinculante:
20 Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. (Lc 21:20-22)

Comentarios varios:

"Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles —con el esplendor de la autoridad del Padre y con todos sus ministros angélicos, listos a cumplir con sus deseos— y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo: hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino —o, como en Marcos (9:1): “hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia”; o, como en Lucas (9:27), quien lo expresa más sencillamente todavía: “hasta que vean el reino de Dios”. Aquí, sin duda alguna, se hace referencia al establecimiento firme y progreso victorioso del nuevo reino establecido por Cristo, lo cual acontecería dentro del lapso de vida de algunos de los oyentes, el cual estaba destinado a obrar el más grande de todos los cambios en esta tierra, y había de ser la gran garantía de su venida final en la gloria.” (Comentario Jamieson-Faucet-Brown)

"Jesús dijo claramente a Israel que se arrepintiera ahora, porque el reino vendría pronto. El reino estaba cerca. Jesús lo estaba introduciendo delante de los propios ojos de ellos (véanse Mt 12:28; Lc 10:9-11; 17:21), y pronto ascendería al Padre para sentarse en el trono del reino. Por eso, les dijo a los discípulos: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino (Mt 16:28).¿Estaba Jesús en lo cierto, o estaba equivocado? En los términos de algunos maestros modernos, Jesús estaba errado. Y esto no es un pequeño error de cálculo: ¡Jesús erró el blanco por miles de años! ¿Podemos confiar en él como Señor y Salvador, y todavía sostener que estaba equivocado, o que de alguna manera su profecía se había descarrilado? Jesús no era sólo un hombre, como el primer Adán. Es Dios, el Señor del cielo y de la tierra; y si se dispone a traer el reino, ¿puede algo detenerle? Ni siquiera la crucifixión fue un contratiempo, porque era un aspecto crucial de su plan. Por eso dijo: "Pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo" (Jn 10:17-18). Tenemos que creer lo que Jesús dijo: Durante la vida de los que le escuchaban, vendría en su reino. Y eso es exactamente lo que hizo, culminando en su ascensión a su trono celestial." (David Chilton, El Paraíso Restaurado, Cap 8, pags. 51, 52)

“También debe mencionarse que LaHaye no sigue su propio parámetro en lo que respecta a tomar «un sentido literal en cada palabra a menos que los hechos del contexto inmediato indiquen claramente que sea de otra manera». Por ejemplo, cuando nuestro Señor dice: «El tiempo está cerca», LaHaye dice que se refiere a un tiempo lejano. Cuando nuestro Señor dice que el Apocalipsis «ocurrirá muy pronto», LaHaye dice que eso se encuentra en un futuro distante. Y cuando el Señor le dice a sus discípulos: «Les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto al Hijo del hombre llegar en su reino» (Mateo 16.28), LaHaye dice que nuestro Señor se está refiriendo a la «Segunda Venida», aun cuando cada uno de los discípulos ya han gustado la muerte desde hace muchísimo tiempo. Muchos otros ejemplos pudieran ser citados, incluso las palabras del Señor registradas en Mateo 10.23: «Les aseguro que no terminarán de recorrer las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre».” (Hank Hanegraaff, El Código del Apocalipsis, pag. 17)

“Bertrand Russell, en el libro de Paul Edwards Why l Am Not a Christian: And Other Essays on Religion and Related Subjects (Nueva York, NY: Simon & Schuster, 1957), p. 16. Russell también escribió que «hay muchos textos [en los Evangelios] que prueban» que Jesús creía que volvería en el período de vida de sus oyentes originales, pero cita solamente dos: «Les aseguro que no terminarán de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre» (Mateo 10.23), y «Les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto al Hijo del hombre llegar en su reino» (Mateo 16.28; comp. Lucas 9.27). Otros textos que quizá Russell tenía en mente incluían: «Así recaerá sobre ustedes la culpa de toda la sangre justa que ha sido derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la de Zacarías, hijo de Berequías, a quien ustedes asesinaron entre el santuario y el altar de los sacrificios. Les aseguro que todo esto vendrá sobre esta generación» (Mateo 23.35-36); «Les aseguro que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan» (Mateo 24.34); y «Pero yo les digo a todos: De ahora en adelante verán ustedes al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y viniendo en las nubes del cielo» (Mateo 26.64). No hay duda de que el Señor Jesús indica en estos pasajes que algunos de sus discípulos al igual que sus enemigos estarían vivos hasta que estos eventos profetizados ocurrieran. Lo que Russell pasó por alto al descartar la Escritura fue una comprensión correcta de lo que Jesús realmente había predicho que pasaría en un futuro cercano: No estaba hablando de su retomo corporal a la Tierra en la Segunda Venida, sino de su coronación como el Rey verdadero…, y su vindicación en el juicio de la Israel incrédula. Russell y otros como C. S. Lewis, que habían tenido dificultades con las implicaciones de tales pasajes de la Escritura, también son citados en el libro de Gary DeMar, Last Days Madness: Obsession of the Modern Church (Atlanta, GA: American Visión, 1999, cuarta ed. rev.), pp. 46-49; y en R. C. Sproul, The Last Days According to Jesus: When Did Jesus Say He Would Return? (Grand Rapids, MI: Baker, 1998), pp. 12-13.” (Hank Hanegraaff, El Código del Apocalipsis, pag. 243)

“Albert Schweitzer, Out of My Life and Thought: An Autobiography (Nueva York, NY: Henry Holt, 1933), p. 7. El ex ministro evangélico y activista ateo, Dan Barker, dice que Cristo no es confiable porque «Jesús les dijo a sus discípulos que ellos no morirían antes de su Segunda Venida: "Les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto al Hijo del hombre llegar en su reino" (Mateo 16.28). "He aquí que vengo pronto (Apocalipsis 3.11). Han pasado dos mil años y los creyentes están todavía esperando su "pronto" retorno» (Dan Barker, "Why Jesus?" Nontract #12, Freedom from Religion Foundation, Inc, http://ffrf.org/nontracts/jesus.php [acceso obtenido 31 diciembre 2006]). (Hank Hanegraaff, El Código del Apocalipsis, pags. 243, 244)

BP/CJFB/DG/DCH/HH/MH/SA

viernes, 4 de abril de 2014

El Nuevo Testamento engloba la semana setenta

El Nuevo Testamento engloba la semana setenta
por Diac Gonzalez

El NT inicia con el Evangelio de Mateo, narrando el nacimiento del Mesías-Rey, y termina con el libro de Apocalipsis, escrito un poco antes de la destrucción de Jerusalén y el templo de Herodes en el año 70 d.C. Los Evangelios relatan los sucesos acaecidos en la primera mitad de la semana setenta (70), es decir entre el 27 y el 31 d.C. Estos sucesos envuelven el ministerio de Juan el Bautista (el Elías enviado), y el de Jesús (el Mesías-Rey), su muerte, sepultura y resurrección.

Los Hechos de los apóstoles relatan lo sucedido en la segunda mitad de la semana 70 y obras posteriores de los apostoles. Comienza con la ascensión del Mesías-Rey justo en la mitad de la semana setenta (70), luego sigue su relato de la muerte de Esteban ocurrida el año 34 d.C. Este hecho abominable marcó el final de la semana setenta (70), y el comienzo de lo que Jesús denominó como principio de dolores para la nación judía. Los acontecimientos relatados en el libro de los Hechos terminan en el gobierno del emperador Nerón[1], unos pocos años antes de caer el juicio de Dios sobre la nación judía, poniendo fin a la era judaica.

Como en ninguno de los 27 libros aparece esta destrucción consumada, concluimos que todos estos fueron escritos antes del año 70 d.C., fecha de la mencionada destrucción. Es imposible que alguno de estos libros (incluido el de Apocalipsis) haya sido escrito después del año 70 d.C., y no se mencione el cumplimiento de la profecía más específica y terrorífica del Mesías-Rey: La destrucción de Jerusalén y su templo y el fin de la era judaica.

Aunque no se enseñe ni se reconozca, y erróneamente se tenga por futura la semana setenta de Daniel (9:24-27), para sorpresa del cristianismo, lo cierto es que el NT relata principalmente los acontecimientos que engloba esta profecía, y termina un poco antes de la destrucción de Jerusalén como ciudad santa, y del fin de Israel[2] como pueblo de Dios e instrumento del Reino de Dios, como lo predijo el mismo Jesús: Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros [la nación judía], y será dado a gente [la iglesia] que produzca los frutos de él (Mt 21:43). ¿Qué, pues, hará [Dios] el señor de la viña? Vendrá [en juicio], y destruirá a los labradores [la nación judía], y dará su viña a otros [la iglesia]” (Mr 12:9).

La siguiente cita de la versión Torres Amat no deja lugar a dudas: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías; y no será más suyo el pueblo [judío], el cual le negará” (Dn 9:26 - TA). Sabemos que los judíos (a través de Poncio Pilato[3]) le quitaron la vida al Mesías, y después de haberle negado, dejaron de ser pueblo de Dios: “Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.” (Jn 19:14-15)

Acerca de este suceso tenemos un comentario muy acertado de William Barclay: “Para lograr la muerte de Jesús, los judíos negaron todos sus principios. Llegaron hasta el colmo cuando dijeron: «¡No tenemos más rey que el César!» Samuel le había dicho al pueblo de Israel que Dios era su único Rey (1S 12:12). Cuando le ofrecieron la corona a Gedeón, contestó: «Ni yo seré el que os gobierne, ni mi hijo; el Señor será el único que os gobernará» (Jue 8:23). Cuando los romanos llegaron por primera vez a Palestina, tomaron un censo para organizar los impuestos que tendrían que pagar como pueblo sometido; y se produjo la rebelión más sangrienta, porque los judíos insistían en que Dios era su único Rey, y a Él sería al único que pagarían tributo. Cuando el líder judío proclamó ante Pilato: «¡No tenemos más rey que el César!» fue la más alucinante volte face de la Historia. El solo oírlo debe de haber dejado a Pilato sin aliento, y seguramente se los quedaría mirando medio alucinado y medio divertido. Los judíos estaban dispuestos a renegar de todos sus principios con tal de eliminar a Jesús. Es un cuadro horrible. El odio de los judíos los convirtió en una enloquecida chusma de fanáticos y frenéticos vociferadores. En su odio olvidaron toda misericordia, todo sentido de proporción, toda justicia, todos sus principios, hasta a Dios. Nunca en toda la Historia de la humanidad se mostró más claramente la locura del odio.” (Comentario de Jn 18:28-19:26, William Barclay[4]).

En sus corazones, y en forma individual, los judíos ya habían renunciado al Mesías-Rey, pero se amplía el rechazo en forma nacional cuando ellos presentan al Mesías ante el Sanedrin (el máximo tribunal que representaba la nación judía), y luego ante Pilato (representante del imperio romano en Palestina), y expresan a viva voz: “no tenemos más rey que el Cesar”. Simplemente la nación pronuncia su propia sentencia de muerte y destrucción. De esa forma la nación de Israel rompió el pacto, se desligó de Dios, de su Mesías, y por ende de su Reino. En la actualidad, cualquier israelita que en forma individual se convierta a Jesucristo, entra a formar parte del Reino de Dios, pero Israel como nación ya no puede volver a entrar a ser portador del Reino porque este fue dado a otra nación: La iglesia universal o cuerpo de Cristo: Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. (1Co 12:27).

De manera que en la actualidad, Israel es una nación igual que cualquier otra, con sus gobernantes, parlamento y leyes, pero sin los privilegios que tenia en la antigüedad, cuando el Reino de Dios estaba en ella. La nación de Israel ya no es ese “especial tesoro” de Dios de tiempos antiguos: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.” (Éx 19:5). Si analizamos esta cita bíblica veremos que esta es una promesa condicionada como casi todas las promesas de Dios. Le dice a la nación que si oyen su voz y guardan su pacto, entonces serán su especial tesoro por encima de todas las naciones del mundo. Pero, al contrario, se infiere que si no dan oído a su voz ni guardan su pacto, entonces no podrían ser ese especial tesoro de Dios. Esto se aclara un poco más con las siguientes citas:

“Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn 10:26-27)

Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre…. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre…. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Jn 8:38, 41, 43, 44) DG




[1] Nerón, Quinto emperador de Roma (Hch 25:12; 26:32; Fil 4:22). Hijo adoptivo de Claudio, accedió al trono haciendo envenenar a su medio hermano Británico. Nerón fue un hombre que en el inicio de su reinado se presentó de una manera moderada y prudente, pero que después reveló un carácter sanguinario y cruel. En el año décimo de su reinado, el 64 d.C., estalló el gran incendio de Roma, que destruyó casi completamente tres de los catorce distritos de la ciudad; se acusó al emperador de que él había sido quien había dado la orden de provocar el incendio. Para disculparse, Nerón acusó a los cristianos, condenando a gran número de ellos a suplicios atroces. La tradición señala que Pablo y Pedro estuvieron entre los mártires. Nerón es el «león» de 2Ti 4:17. Abandonado por sus tropas y sabiéndose perdido, se quiso suicidar, pero, no consiguiéndolo, pidió a uno de sus defensores que lo rematara. Nerón murió en el año 68 d.C., en el año catorce de su reinado, y a los treinta y dos años de edad. DBVE
[2] Israel. Se han usado distintos nombres para describir el territorio dentro del cual ocurrió la mayoría de los sucesos bíblicos. El nombre más antiguo, Canaán (Gn 10:19; 12:6), se deriva del pueblo que originalmente lo ocupó, los cananeos. Más adelante, Dios dio esta tierra a su pueblo escogido, Israel, y fue llamada por ese nombre. Después de la muerte de Salomón, la nación se dividió en las diez tribus del norte que retuvieron el nombre Israel (o Efraín) y el reino del sur que se llamó Judá. Años más tarde los romanos dividieron el territorio en las provincias de Judá, Samaria y Galilea. Finalmente, alrededor del siglo V d.C., la tierra de la Biblia fue llamada Palestina, palabra que originalmente significaba “tierra de los filisteos” y que se refería al pueblo que una vez viviera a lo largo de la costa sudeste. La arqueología ha demostrado que esta tierra fue poblada en los tiempos más primitivos. Jericó, por ejemplo, es la ciudad más antigua del mundo que ha sido habitada continuamente hasta el día de hoy. MH
[3] Pilato. Poncio Pilato era romano, de la orden ecuestre, o sea la clase media alta; no se conoce su praenomen, pero su nomen, Poncio, sugiere que era de origen samnita, y su cognomen, Pilato, puede haber provenido de antepasados militares. Poco sabemos de su carrera antes del año 26 d.C., pero en ese año (véase P. L. Hedley en Journal of Theological Studies 35, 1934, pp. 56–58) el emperador Tiberio lo nombró quinto praefectus (heµgemoµn, Mt 27:2, etc.; el mismo título se aplica a Félix en Hch 23 y a Festo en Hch 26) de Judea. En 1961 se encontraron pruebas de este título en una inscripción en Cesarea, y E. J. Vardaman (JBL Journal of Biblical Literature 88, 1962, pp. 70) piensa que se empleó este título en los primeros años de Pilato, pero que fue remplazado por el de procurator (el título usado por Tácito y Josefo) posteriormente. De acuerdo con un cambio de política del senado (en 21 d.C., Tácito, Anales 3. 33–34) Pilato llevó consigo a su esposa (Mt 27:19). Como procurador ejerció un control total sobre la provincia, y estuvo a cargo del ejército de ocupación (1 ala—alrededor de 120 hombres—de caballería, y 4 ó 5 cohortes—entre 2.500–5.000 hombres—de infantería) apostado en Cesarea, con una guarnición en Jerusalén en la fortaleza Antonia. El procurador tenía plenos poderes de vida y muerte, y podía dejar sin efecto sentencias capitales decretadas por el sanedrín, que tenía que pedirle su ratificación. También nombraba a los sumos sacerdotes, y controlaba el templo y sus fondos: hasta las vestiduras del sumo sacerdote se hallaban bajo su custodia, y solamente se les dejaba llevarlas durante las festividades, época en la que el procurador residía en Jerusalén y traía tropas adicionales para patrullar la ciudad. NDBC
[4] Libro Palabras Griegas del Nuevo Testamento, de William Barclay

jueves, 3 de abril de 2014

La profecía de las setenta semanas

La profecía de
las setenta semanas
por Diac Gonzalez

Para tener mayor claridad en este tema de la semana setenta, es necesario ahondar un poco más allá de lo que comúnmente se ha explicado hasta ahora de estas setenta semanas(1), y se ha hecho una mala interpretación de ellas, pero específicamente de la semana setenta. Los dispensacionalistas inventaron la gran mentira del “paréntesis”, y más del 90% de los cristianos se han creído esto, y así lo predican enredando cada día a más personas que lamentablemente no se han preocupado por investigar concienzudamente lo que se le enseña. A continuación un comentario de Hank Hanegraaff, quien rebate y desarma esta gran mentira del paréntesis:

Además, así como no existe una posposición dispensacional en el plan de Dios, tampoco existe un paréntesis en los propósitos de Dios. El pretexto de un paréntesis durante el cual hay una posposición de los planes de Dios para Israel y el comienzo de un plan para la Iglesia es el producto de una lectura extraña de la profecía. El enfoque principal del dogma se encuentra en Daniel. Tal como lo explica LaHaye: «Es imposible comprender la profecía de la Biblia sin comprender el libro de Daniel. Mucha de la información de los asuntos clave y de la secuencia del tiempo de los últimos días se da en Daniel». Una nota particular son las «setenta semanas» de Daniel (Daniel 9.24-27). Para ampliar su perspectiva de los «asuntos clave» y de la «secuencia de tiempo», LaHaye crea un número de presuposiciones en las setenta semanas de Daniel. Primero, infiere que existe una brecha de 2.000 años entre la semana número 69 y la número 70 de Daniel. Es más, él agrega un «período de paréntesis» de 2.000 años en esa brecha a la que llama «el período de la Iglesia». Finalmente, supone que «la Iglesia era un misterio oculto en el Antiguo Testamento (Romanos 16.25-26; Efesios 3.2-10; Colosenses 1.25-27)» Y que «Israel, no la Iglesia, cumplirá su destino nacional como una entidad separada después del rapto y la Tribulación y durante el milenio». Debería ser evidente que esta invención no es producto de una iluminación fiel del texto, sino el resultado de una imaginación fértil [pero con resultados estériles]. La idea misma de que los profetas del Antiguo Testamento no vieron «el valle de la Iglesia», la cual «no existía antes de su nacimiento en Pentecostés» y que «tendrá un final abrupto en el rapto», es completamente falsa. Los profetas del Antiguo Testamento no sólo vieron «el valle de la Iglesia», ellos lo anunciaron. Pedro, hablando después del nacimiento de la Iglesia en Pentecostés, lo dijo de la manera más sencilla: «En efecto, a partir de Samuel todos los profetas han anunciado estos días» (Hechos 3.24).Lo que los profetas no vieron ni anunciaron es la idea de que la Iglesia del Nuevo Testamento que nacía en Pentecostés tendría un «final abrupto en el rapto». En otras palabras, la idea de que la Iglesia es un paréntesis en el plan de Dios no tiene fundamento bíblico” (Hank Hanegraaff, El Código del Apocalipsis, págs. 53, 54)

El sistema de semanas de años

Para resolver el tiempo expresado en semanas en la profecía de Daniel, nos basaremos en el sistema de semanas de años expresado en las mismas Escrituras, de manera que interpretamos que una semana que contiene siete días da como resultado siete años.

1 semana → 7 días = 7 años

“Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años,
de modo que los días
de las siete semanas de años
vendrán a serte
cuarenta y nueve años.”
(Lv 25:8)
7 semanas → 49 días = 49 años

Se agregan dos citas bíblicas más para complementar y reforzar el sistema de días por años expresado aquí:

Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo
(Nm 14:34)
40 días = 40 años

Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo y pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel. El número de los días que duermas sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos. Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días, trescientos noventa días; y así llevarás tú la maldad de la casa de Israel. Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado. 
(Ez 4:4-6)
Israel: 390 días = 390 años
Judá: 40 días = 40 años

Aplicando al texto el sistema de semanas de años, y las otras explicaciones, se ve con muchísima claridad y se entiende lo que expresa esta magnifica profecía:

“24 Setenta [70] semanas [de años = 490 años] están determinadas sobre tu pueblo [Israel] y sobre tu santa ciudad [Jerusalén], para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. 25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe [Jesucristo], habrá siete semanas [49 años], y sesenta y dos semanas [434 años]; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26 Y después de las sesenta y dos semanas [en la semana setenta (70)] se quitará la vida al Mesías [Jesús], mas no por sí; y el pueblo [Roma] de un príncipe [Tito, hijo del Cesar Vespasiano] que ha de venir destruirá la ciudad [Jerusalén] y el santuario [el templo de Herodes]; y su fin [el de Jerusalén] será con inundación, y hasta el fin de la guerra [de los judíos] durarán las devastaciones. 27 Y por otra semana [siete (7) años] [son ya setenta (70)] [el Mesías] confirmará el [Nuevo] pacto con muchos [judíos convertidos]; a la mitad de la semana [setenta] [el Mesías con su sacrificio expiatorio] hará cesar el sacrificio y la ofrenda [ceremonial]. Después [en esa misma generación] con la muchedumbre de las abominaciones [de los judíos] vendrá el desolador [abominación desoladora], hasta que venga la consumación [del siglo judaico], y lo que está determinado se derrame sobre el desolador [la nación judía].”
(Dn 9:24-27)

Para ver con más claridad esta profecía, coloco solo una versión más de la misma cita bíblica, de entre otras que aclaran este tema:

“24 Se han fijado setenta semanas de años para tu pueblo y para tu santa ciudad, al fin de las cuales se acabará la prevaricación, y tendrá fin el pecado, y la iniquidad quedará borrada, y vendrá la justicia o santidad perdurable, y se cumplirá la visión y la profecía, y será ungido el Santo de los santos. 25 Sábete, pues, y nota atentamente: Desde que salga la orden o edicto para que sea reedificada Jerusalén, hasta el Mesías príncipe, pasarán siete semanas, y sesenta y dos semanas; y será nuevamente edificada la plaza, o ciudad, y los muros en tiempos de angustia. 26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías; y no será más suyo el pueblo, el cual le negará. Y un pueblo con su caudillo vendrá, y destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será la devastación, y acabada la guerra quedará establecida allí la desolación. 27 Y el Mesías afirmará su nueva alianza en una semana con muchos fieles convertidos; y a la mitad de esta semana cesarán las hostias y los sacrificios; y estará en el tiempo la abominación de la desolación; y durará la desolación hasta la consumación y el fin del mundo.” (Torres Amat)

El Mesías-Rey nació en el año 4 a.C., en el transcurso de la semana sesenta y cinco (65) de Daniel, y se manifestó a Israel justo entre el principio de la semana setenta (70), y el final de la semana sesenta y nueve (69) como lo indica la profecía:

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas: [sesenta y nueve semanas].

El ministerio del Mesías-Rey, que por cierto fue solo para Israel como lo dijo él mismo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mt 15:24), duró exactamente media semana de años (tres años y medio o cuarenta y dos meses), ya que Daniel dice que “después de las sesenta y dos semanas [en la semana setenta] se quitará la vida al Mesías”. Además de eso, más adelante dice que justo a la mitad de la semana setenta el mismo Mesías haría cesar el sacrificio y la ofrenda: “a la mitad de la semana, hará cesar el sacrificio y la ofrenda”. Con su sacrificio expiatorio en la cruz, el Mesías-Rey suprimió el sacrificio y la ofrenda ceremonial: pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios (Heb 10:12)

La semana setenta (70) está manchada de sangre justa ya que está enmarcada dentro de tres abominables martirios:

Semana 70
Año
Martirio
Inicio
27 d.C.
Decapitación de Juan el Bautista (El ultimo profeta de la ley y precursor del Mesías-Rey)
Mitad
31 d.C.
Crucifixión de Jesús, el Mesías-Rey
Fin
34 d.C.
Lapidación de Esteban (El primer martir de la gracia)

"Respecto al clima político del período que vivió Jesús hay división de opiniones entre los estudiosos. Unos piensan que el primer tercio del siglo primero fue un período de paz y calma en la región palestina, otros creen que había una gran tensión que se manifestaba de forma violenta en algunas ocasiones. Flavio Josefo pinta un panorama de resistencia y sublevación larvada entre los años 4 a.C. y 60 d.C., que ejemplifica con el episodio de la rebelión en Galilea con motivo del censo de Quirino en 6 d.C., instigada por un tal Judas procedente de Gaulanítide (Antigüedades judías 18.4-6)". (José Ochoa, Atlas histórico de la Biblia. Nuevo Testamento, Madrid 2004. Cap 6. Pag 43)

"En los ocho siglos que precedieron al nacimiento de Cristo la región Palestina y el pueblo hebreo que la habitaba estuvo sometida a sucesivos dominios extranjeros. Los asirios habían acabado con el reino de Israel, en el norte de la región, en el año 721 a.C. y los babilonios en 587 a.C. habían tomado Jerusalén y destruido el reino de Judá. Les siguieron persas, griegos y romanos, que se habían ido dando el relevo del control sobre una tierra de paso entre Egipto y Anatolia, entre el extremo oriental del mediterráneo y Mesopotamia. Desde entonces hasta el año 167 a.C., con el levantamiento de los macabeos, no se había producido una reacción bélica. A partir de ese momento el judaísmo reacciona a los cambios sociales y políticos, que se manifestarán especialmente bajo dominio romano, que son interpretados en clave religiosa. Y no podía ser de otra forma, dado que la propia presencia romana tenía unidas la religión, la política y la economía. Las monedas que se usaban en Palestina en el siglo I son la mejor muestra de ello: a Julio César se le representaba como un espíritu que asciende al cielo para ocupar su lugar junto a los dioses; de Augusto decían las leyendas que era divi filius (hijo de Dios, porque lo había adoptado César, porque en la Eneida aparece como descendiente de Eneas, hijo de un hombre y la diosa Afrodita), y las monedas de Tiberio decían de él que era pontifex maximus, gran sacerdote. El salario de un judío era pagado con la moneda de unos dioses paganos que imponían su voluntad en la tierra que le había dado el único Dios. Desde la acción armada hasta la no-violencia, pasando por los movimientos apocalípticos, en el siglo I d.C. se viven en Palestina múltiples formas de resistencia al poder extranjero, que constituyen el contexto en el que vivieron los contemporáneos de Jesús y sus inmediatos seguidores." (José Ochoa, Atlas histórico de la Biblia. Nuevo Testamento, Madrid 2004. Cap 7. Pag 51)

"Los estratos de las excavaciones en Tierra Santa. La historia que narra el Nuevo Testamento está enterrada bajo capas y capas de restos y escombros que el arqueólogo llama estratos y que tiene que ir levantando cuidadosamente para acercarse cada vez más a la capa correspondiente a la época de las grandes construcciones de Herodes y a la Jerusalén que vio Jesús. Por debajo hay también otras capas que se remontan en algunos casos a la prehistoria, pero la que más nos puede interesar es el estrato del período tardohelenístico, porque con él pueden confundirse a veces los restos de la época de la que se ocupa este atlas. Por debajo de las capas más modernas están los estratos medievales del dominio musulmán y de la época de los cruzados. Una vez retirados estos niveles (cuando existen) en un yacimiento o en una ciudad hay que ir descendiendo por los siguientes estratos: Período bizantino: desde la conversión de Constantino Palestina es considerada Tierra Santa por el Imperio Romano cristianizado que actuará sistemáticamente con fondos imperiales para transformar los lugares santos en destino de peregrinos. Allí se construyen iglesias, santuarios y monasterios, con las que rivalizan las sinagogas que en pugna artística construyen los judíos de Galilea. Sin embargo, la cultura material asociada a este monumental estrato es cada vez de menor calidad, con cerámica poco fina y mal cocida. Período romano medio y tardío: después de las guerras judías contra los emperadores Vespasiano y Adriano, que se tradujeron en expulsión de los judíos de Jerusalén y Judea, se produjo una migración hacia Galilea y una proliferación de sinagogas que venían a reemplazar en alguna medida la pérdida del Templo de Jerusalén en 70. El control directo de los romanos sobre el territorio supuso una mayor urbanización que permitía una mejor recaudación de impuestos y favorecía el comercio. Período romano temprano: la Palestina que vivió Jesús fue la de las grandes construcciones de Herodes el Grande y las que su hijo Antipas llevó a cabo sobre todo en Galilea, que incluyeron fundaciones de ciudades. Este período, que se conoce en la zona como “herodiano”, se corresponde con un estrato arqueológico rico en objetos de lujo y de cerámica bien cocida, con la presencia de testigos del modo de vida judío y grandes edificios públicos. Sin embargo, este estrato acaba en muchos casos en destrucción, por causa de las revueltas que cerraron el período. Período helenístico tardío: debajo tenemos el estrato de asentamientos judíos de época “asmonea”, los monarcas descendientes de los Macabeos, que repoblaron la región de Galilea, utilizando viejos asentamientos o recurriendo a la nueva fundación. Además de pueblos, los asmoneos construyeron fuertes que les permitieran mantener el control de su territorio." (José Ochoa, Atlas histórico de la Biblia. Nuevo Testamento, Madrid 2004. Cap 5. Pag 32)




(1) Setenta Semanas. Período de tiempo profético referido en Daniel 9:24-27, durante el cual se reedificaría Jerusalén, aparecería el Mesías y luego sería cortado; después de este período, tanto la ciudad como el lugar santo serían desolados…. Está claro que esta profecía es una “joya” para la identificación del Mesías…. La mayoría de los eruditos bíblicos concuerdan en que las “semanas” de la profecía son semanas de años. Algunas traducciones dicen “setenta semanas de años” (BR; EMN, nota; PIB, nota; TA); la Tanakh, una traducción inglesa de la Biblia publicada en 1985 por la Jewish Publication Society también da esta opción en una nota al pie de la página…. En cuanto a las siete primeras “semanas” (cuarenta y nueve años), Nehemías, con la ayuda de Esdras, y después otros que posiblemente les sucedieron, trabajaron “en los aprietos de los tiempos”, con dificultades internas —entre los mismos judíos— y externas —procedentes de los samaritanos y de otras gentes—. (Dn 9:25.)…. La obra debió quedar prácticamente terminada en cuarenta y nueve años (siete semanas de años), y Jerusalén y su templo permanecieron hasta que llegó el Mesías. En cuanto a las siguientes sesenta y dos “semanas” (Dn 9:25), estas, como parte de las setenta y mencionadas en segundo lugar, continuarían a partir de la conclusión de las “siete semanas”. Por lo tanto, el tiempo que pasó “desde la salida de la palabra” para reconstruir Jerusalén hasta “Mesías el Caudillo” fue de siete más sesenta y dos “semanas”, es decir, sesenta y nueve “semanas” (cuatrocientos ochenta y tres años)…. Jesús fue bautizado en agua, fue ungido con espíritu santo y empezó su ministerio como “Mesías el Caudillo”. (Lc 3:1, 2, 21, 22.) De modo que, con siglos de antelación, la profecía de Daniel señaló con precisión el año exacto de la llegada del Mesías. Los judíos quizás lo habían calculado basándose en la profecía de Daniel, de modo que estaban pendientes de la venida del Mesías. La Biblia informa que “el pueblo [estaba] en expectación, y todos razonando en sus corazones acerca de Juan: ‘¿Acaso será él el Cristo?’”. (Lc 3:15.) Aunque esperaban al Mesías, no podían determinar con exactitud ni el día, ni la semana, ni el mes de su llegada. Por ello se preguntaban si Juan era el Cristo. “Cortado” a la mitad de la semana. A continuación Gabriel le dijo a Daniel: “Después de las sesenta y dos semanas Mesías será cortado, con nada para sí”. (Dn 9:26.) Algún tiempo después del final de las ‘siete más sesenta y dos semanas’, en realidad, unos tres años y medio después, Cristo fue cortado al morir en un madero de tormento, entregando todo lo que tenía como un rescate para la humanidad. (Is 53:8.) Los hechos indican que Jesús empleó la primera mitad de la “semana” en efectuar su ministerio. En una ocasión…. dio una ilustración en la que al parecer comparaba la nación judía a una higuera (compárese con Mt 17:15-20; 21:18, 19, 43) que no había producido fruto por “tres años”. El viñador le dijo al amo de la viña: “Amo, déjala también este año, hasta que cave alrededor de ella y le eche estiércol; y si entonces produce fruto en el futuro, bien está; pero si no, la cortarás”. (Lc 13:6-9.) Puede que aquí se haya referido al período de tiempo de su propio ministerio a aquella nación insensible, ministerio que hasta ese punto había durado unos tres años y que tenía que continuar durante parte de un cuarto año. El pacto en vigor “por una semana”. Daniel 9:27 dice: “Y él tiene que mantener el pacto en vigor para los muchos por una semana [o siete años]; y a la mitad de la semana hará que cesen el sacrificio y la ofrenda de dádiva”…. Por medio de Cristo, Dios extendió las bendiciones del pacto abrahámico a la prole natural de Abrahán, lo que excluyó a los gentiles hasta que estos recibieron el evangelio gracias a la predicación de Pedro a Cornelio, de nacionalidad italiana. (Hch 3:25, 26; 10:1-48.) La conversión de Cornelio y su casa ocurrió después de la conversión de Saulo de Tarso, la cual por lo general se cree que tuvo lugar alrededor del año 34 d.C.; después de esto la congregación disfrutó de un período de paz y edificación. (Hch 9:1-16, 31.) De modo que, al parecer, Cornelio entró en la congregación cristiana alrededor del otoño del año 36 d.C., el final de la septuagésima “semana”, cuatrocientos noventa años después. Se ‘hacen cesar’ el sacrificio y la ofrenda. La expresión ‘hacer que cesen’, usada con referencia al sacrificio y la ofrenda de dádiva, significa literalmente “hacer o causar que se sabatice, descanse o desista de trabajar”. El “sacrificio y la ofrenda de dádiva” que se ‘hicieron cesar’, según Daniel 9:27, no podrían ser el sacrificio de rescate de Jesús ni ningún sacrificio espiritual de sus seguidores. Tienen que referirse a los sacrificios y las ofrendas de dádiva que ofrecían los judíos en el templo de Jerusalén de acuerdo con la ley de Moisés. La “mitad de la semana” sería a la mitad de los siete años, o después de tres años y medio de haber empezado esa “semana” de años.… El apóstol Pablo nos dice que Jesús ‘vino para hacer la voluntad de Dios’, que era ‘eliminar lo primero [los sacrificios y las ofrendas según la Ley] para establecer lo segundo’. Hizo esto al ofrecer como sacrificio su propio cuerpo. (Heb 10:1-10.) Aunque los sacerdotes judíos continuaron ofreciendo sacrificios en el templo de Jerusalén hasta su destrucción en el año 70 d.C., los sacrificios por el pecado cesaron en lo que respecta a tener aceptación y validez para Dios. Jesús dijo a Jerusalén justo antes de morir: “Su casa se les deja abandonada a ustedes”. (Mt 23:38.) Cristo “ofreció un solo sacrificio por los pecados perpetuamente [...]. Porque por una sola ofrenda de sacrificio él ha perfeccionado perpetuamente a los que están siendo santificados”. “Ahora bien, donde hay perdón de estos [de pecados y actos desaforados], ya no hay ofrenda por el pecado.” (Heb 10:12-14, 18). El apóstol Pablo explica que la profecía de Jeremías hablaba de un nuevo pacto, por lo que el anterior (el pacto de la Ley) había quedado anticuado y estaba “próximo a desvanecerse” (Heb 8:7-13). Desolaciones para la ciudad y el lugar santo. Después de las setenta “semanas”, como resultado directo de que los judíos rechazaran a Cristo durante la septuagésima “semana”, se cumplieron los acontecimientos de las últimas partes de Daniel 9:26 y 27. La historia registra que Tito, el hijo del emperador Vespasiano de Roma, fue el caudillo de las fuerzas romanas que atacaron Jerusalén. Estos ejércitos en realidad entraron en Jerusalén y en el templo mismo como una inundación, y desolaron la ciudad y su templo. El que los ejércitos paganos se estacionaran en el lugar santo los convirtió en una “cosa repugnante”. (Mt 24:15.) Todos los intentos por impedir que Jerusalén llegara a su fin fracasaron, pues Dios había decretado: “Lo que está decidido es desolaciones”, y “hasta un exterminio, la misma cosa que se ha decidido irá derramándose también sobre el que yace desolado”. DPCE