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miércoles, 4 de junio de 2014

El Rechazo de Israel

EL RECHAZO DE ISRAEL
Tomado de El Paraíso Restaurado (Cap. 9)
Autor: David Chilton

Él era como los que fueron enviados por el dueño de casa para que recibieran los frutos de la viña de los labradores; porque exhortaba a todos los hombres a devolver un rédito. Pero Israel lo despreció y no quiso devolver, pues su voluntad no era correcta, y además mataron a los que habían sido enviados, y ni siquiera se detuvieron de atentar contra el señor de la viña, sino que le mataron. Ciertamente, cuando llegó y no encontró fruto en ellos, les maldijo por medio de la higuera, diciendo: "Nunca más nazca de ti fruto" [Mat. 21:19]; y la higuera quedó muerta y sin fruto, de manera que hasta los discípulos se maravillaron cuando la higuera se secó.

Entonces se cumplió lo dicho por el profeta: "Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada; ruido de molino y luz de lámpara. Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto [Jer. 25:10]. Porque el servicio entero de la ley ha sido abolido de entre ellos, y de ahora en adelante y para siempre permanecerán sin fiestas.
Atanasio, Letters [vi]

Leer la Biblia en términos del tema del paraíso puede profundizar nuestra comprensión hasta de los pasajes más familiares de la Escritura. De repente, podemos entender por qué, por ejemplo, Salmo 80 e Isaías 5 describen el pueblo del pacto como "la viña del Señor". Como hemos visto, este era un recordatorio del estado original del hombre en comunión con Dios en el Edén. También era un recordatorio de que, cuando Dios salva a su pueblo, le constituye en huerto renovado (o viña renovada), y así, los escritores bíblicos usaban una y otra vez las imágenes de plantar, árboles, viñas, y frutos para describir la salvación en sus varios aspectos (Juan 15 es un ejemplo bien conocido). Sin embargo, también es importante reconocer que las imágenes del huerto pueden usarse para describir la apostasía y la maldición, porque la primera violación del pacto tuvo lugar en Edén. Dios había dado a Adán una comisión para que cultivara y guardara su "viña"; en lugar de eso, Adán se había rebelado contra el terrateniente, y había sido maldecido y expulsado, perdiendo su herencia. Esta imagen doble de la viña como lugar, tanto de bendición como de maldición, es un importante concepto en la Biblia, y se convirtió en el escenario de una de las más notables parábolas de Jesús, la historia de los labradores malvados (Salmos 80 e Isaías 5 deben ser leídos junto con esto).

Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente, les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. (Mat. 21:33-39).

En su gracia, Dios había enviado profetas a Israel a lo largo de su historia, y los hombres de Dios siempre habían sido tratados alevosamente. "Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra" (Heb. 11:37-38). El hecho es que Israel había rechazado consistentemente la palabra de Dios y maltratado a los profetas, desde el mismo comienzo. Como les acusó Esteban (justo antes de ser asesinado por los dirigentes judíos): "¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores" (Hechos 7:51-52).

El malvado tratamiento de los profetas por parte de Israel alcanzó su clímax en el asesinato del Hijo de Dios, como Jesús predijo en su parábola. Luego preguntó a sus oyentes: "Cuando venga el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?"

Le dijeron: "A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo". Jesús les dijo: "¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos"? Por tanto, os digo que el reino de los cielos será quitado de vosotros y será dado a gente que produzca los frutos de él" (Mat. 21:40-43).

Los judíos habían pronunciado su propia sentencia de condenación. Y ciertamente, la viña les sería quitada; el Señor vendría y les destruiría, y daría la viña a obedientes obreros que le rindieran el fruto que Él deseaba. El reino sería quitado a los judíos y dado a otras "gentes". ¿Quiénes serían estas gentes? Después de citar el mismo texto del Antiguo Testamento que Jesús había usado, el apóstol Pedro dio la respuesta definitiva, escribiendo a la iglesia: "Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia" (1 Ped. 2:9-10). El argumento decisivo es que Dios había usado este idéntico lenguaje al hablar al pueblo del pacto, Israel, en el monte Sinaí. "Vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos ... y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa" (Ex. 19:5-6). Dice Pedro que lo que una vez había sido cierto con respecto a Israel, ahora y para siempre es verdadero con respecto a la iglesia. Israel era un huerto, una viña, en rebeldía contra su dueño o, para cambiar la metáfora, era un árbol sin fruto, como dijo Jesús en otra parábola:

Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después" (Lucas 13:6-9).

Jesús, el Señor de la viña, pasó los tres años de su ministerio viajando por Israel buscando fruto. Ahora era tiempo de "cortarlo". Juan el Bautista había advertido a los judíos, aun antes de que Jesús comenzara su ministerio, que a la viña de Israel se le estaba acabando el tiempo:

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 3:8-10).

Este era el problema con Israel. Aunque los judíos le dieron la bienvenida a Jesús en Jerusalén haciendo ondear ramas de árboles como reconocimiento de su venidera restauración de Edén (Mat. 21:8-9), las ramas no tenían frutos. De manera interesante, el mismo pasaje continúa y muestra lo que sucedió después de que Jesús se fue de Jerusalén. Mientras caminaba, se topó con una higuera y buscó frutos, pero no encontró ninguno. Así que maldijo a la higuera, diciendo: "Nunca jamás nazca de ti fruto". E inmediatamente la higuera se secó (Mat. 21:18-19). Lo mismo ocurriría al Israel estéril e impenitente.

La generación Terminal

Por supuesto, la culpa recaía principalmente en los líderes de Israel, los ciegos guías de los ciegos, que conducían a la nación entera hacia el hoyo (Mat. 15:14). Por eso Jesús dirigía particularmente sus airadas acusaciones contra ellos (véase Mat. 23). Pero incluía también al pueblo en general en su condena, como podemos ver en las palabras finales de su último mensaje público:

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquéllos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matásteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación (Mat. 23:29-36).

Los pecados de Israel, sus rebeliones y sus apostasías, se habían estado acumulando por siglos, llenando la copa hasta rebosar. El punto crítico llegó cuando vino el Hijo. Su rechazo de Él selló su suerte, y a su vez fueron rechazados por Dios. La generación que crucificó al Señor y persiguió a sus apóstoles era la verdadera "generación Terminal". Israel, como el pueblo del pacto, habría de ser destruido, final e irrevocablemente. Había recibido la advertencia final. Años más tarde, poco antes de que el holocausto del año 70 D. C. descendiera sobre Israel, el apóstol Pablo escribió que "los judíos ... mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo" (1 Tes. 2:14-16).

Como nación, Israel se había convertido en apóstata, una ramera espiritual en rebeldía contra su Esposo (véase Eze. 16). Las terribles palabras de hebreos 6:4-8 se aplicaban literalmente a la nación del pacto, que había renunciado a su primogenitura:

Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquéllos para los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.

La misma multitud que dio la bienvenida a Jesús en Jerusalén con hosannas clamó por su sangre en menos de una semana. Como todos los esclavos, su actitud era inconstante; pero, finalmente, su actitud se resumió en otra de las parábolas de Jesús: "No queremos que éste reine sobre nosotros" (Luc. 19:14). Los principales sacerdotes revelaron la fe de la nación cuando negaron vehementemente el señorío de Cristo y afirmaron: "No tenemos más rey que César" (Juan 19:15).

Así que el pueblo del pacto heredó la maldición. Habían hecho ondear sus ramas en dirección al Hijo del dueño cuando entró en la viña, aparentemente para darle la bienvenida en su propiedad legal; pero, cuando Él se acercó más e inspeccionó las ramas, no encontró ningún fruto - sólo hojas. Para conservar el modelo que hemos visto en nuestro estudio del huerto de Edén, Israel estaba maduro para ser juzgado, desheredado, y expulsado del la viña.

Pero no sólo tenían los ejemplos de Edén, el diluvio, Babel, y los otros juicios históricos como amonestaciones. Por medio de Moisés, Dios había dicho específicamente que la maldición caería sobre ellos si apostataban de la verdadera fe. Haríamos bien en recordar para nosotros mismos las advertencias de Deuteronomio 28, donde Dios amenaza con la pérdida de la familia y las posesiones, ser asolados por diversas enfermedades, sufrir a causa de la guerra y la opresión por una nación pagana victoriosa, volverse al canibalismo a causa de la hambruna, y ser vendidos como esclavos y dispersados sobre la faz de la tierra.

Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella.

Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma;

Y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde!, y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos (Deut. 28:63-67).

A causa de haber cometido Israel el supremo acto de violación del pacto al rechazar a Cristo, Israel mismo fue rechazado por Dios. Las terribles maldiciones pronunciadas por Jesús, Moisés, y los profetas se cumplieron en la terrible destrucción de Jerusalén, la desolación del templo y la desaparición de la nación del pacto en el año 70 D. C. (Véase el Apéndice B para leer la descripción de este suceso, y compararla con las maldiciones descritas en Deuteronomio 28).

Tal como Dios había prometido, el reino fue realmente establecido cuando vino Cristo. Pero, en vez de abarcar y asimilar en su estructura al antiguo Israel, el reino vino e hizo polvo a Israel.

El nuevo templo de Dios, la iglesia, fue establecido cuando el antiguo templo fue derribado y reducido a escombros.

Cómo leer las profecías

CÓMO LEER LAS PROFECÍAS
Tomado de El Paraíso Restaurado (Capítulo 2)
Autor: David Chilton

Inicié mi viaje personal hacia la escatología de señorío una noche en la iglesia, hace como una docena de años. El pastor, un predicador famoso por su método expositor en su enseñanza bíblica, acababa de iniciar una serie de conferencias sobre profecía. Mientras él defendía elocuentemente su escatología de la derrota, me impresionó el hecho de que parecía completamente incapaz de desarrollar sus puntos de vista de la Biblia orgánicamente. Oh, citaba algunos textos - un versículo aquí, uno allá. Pero nunca pudo demostrar que su explicación del futuro encajaba en el patrón general de la Biblia. En otras palabras, era muy hábil superponiendo sus puntos de vista de la realidad sobre el texto bíblico, asegurándose de que sus versículos fueran barajados en el orden correcto. Pero no pudo mostrar cómo sus doctrinas fluían de la Escritura; su escatología no parecía ser una parte orgánica del relato que la Biblia cuenta.

De lo que comencé a darme cuenta esa noche fue que la manera de recuperar la escatología bíblica debía ser comprender el relato bíblico. En vez de tratar de hace encajar la Biblia en un molde dispuesto previamente, debemos tratar de descubrir los moldes que ya están allí. Debemos permitir que la estructura de la propia Biblia surja del texto mismo, que se superponga sobre nuestra propia interpretación. Debemos acostumbrarnos al vocabulario bíblico y a los modos de expresión bíblicos, buscando conformar nuestros propios pensamientos a los términos de las categorías bíblicas.

Esta perspectiva arroja inapreciable luz sobre el antiguo debate acerca de la interpretación "literal" versus la interpretación "simbólica". En alto grado, ese debate está fuera de lugar, porque el hecho es que todos los intérpretes son "literalitas" en algunos puntos y "simbólicos" en otros.

Por ejemplo, estoy examinando un reciente comentario sobre Apocalipsis, escrito por un bien conocido erudito evangélico. La tapa posterior proclama osadamente: ¡Ésta es posiblemente la exposición más literal del Apocalipsis que usted haya leído jamás! Sin embargo, mirado más de cerca, el comentario en realidad enseña una interpretación altamente simbólica de muchos puntos
de la profecía. He aquí algunos de ellos:
  • Las "vestiduras manchadas" de los cristianos de Sardis (Apoc. 3:4).
  • La promesa de que los cristianos se convertirán en "columnas" del templo (3:12).
  • La temperatura "tibia" de los laodicenses (3:15-16).
  • El ofrecimiento de Jesús de vender "oro", "vestiduras blancas", y "colirio" (3:18).
  • Jesús "tocando" a la "puerta" (3:20).
  • El "león de la tribu de Judá" (5:5).
  • El "Cordero" que tenía "siete ojos" (5:6).
  • Los "olivos" y los "candeleros" (11:4).
  • La "mujer vestida de sol" (12:1).
  • El "gran dragón escarlata" (12:3).
  • La "bestia" de siete cabezas (13.1).
  • La "gran ramera que está sentada sobre muchas aguas" (17:1).
Pocos "literalitas" discreparían con la idea de que estas imágenes de Apocalipsis deben entenderse simbólicamente. Sin embargo, lo que tenemos que reconocer es que también se usan símbolos en todo el resto de la Escritura, al lado mismo de lenguaje muy literal. Esto ocurre porque la Biblia es literatura: literatura divinamente inspirada e infalible, pero todavía
literatura. Esto significa que tenemos que leerla como literatura. Algunas partes tienen el propósito de ser entendidas literalmente y, en consecuencia, han sido escritas así - como historia, o proposiciones teológicas, o lo que sea. Pero uno no esperaría leer los Salmos o los Cantares de Salomón con los mismos moldes literarios usados para el libro de Romanos. Sería como leer el soliloquio de Hamlet "literalmente": "Las hondas y las flechas de la fortuna
agraviante ... tomar las armas contra un mar de dificultades ...".

Vea usted, no podemos entender lo que la Biblia realmente significa (literalmente) a menos que apreciamos la manera en que usa los estilos literarios. ¿Entenderíamos correctamente el Salmo 23 si lo tomáramos "literalmente"? Si lo hacemos, ¿no sonaría un poco tonto? En realidad, si se toma literalmente, no sería verdadero: porque me atrevo a decir que el Señor no hace que cada cristiano yazca en pastos verdes literales. Pero, por lo general, no cometemos esos toscos errores al leer la poesía bíblica. Sabemos que está escrita en un estilo que a menudo utiliza lenguaje simbólico. Pero tenemos que darnos cuenta de que lo mismo ocurre con los profetas: ellos también hablaban en poesía, en figuras y símbolos, utilizando la rica herencia de imágenes bíblicas que, como veremos, en realidad comenzaron en el paraíso original - el huerto de Edén.

Y, ciertamente, es allí donde comienza la profecía. Y vale la pena observar que la primera promesa del Redentor venidero se expresó en términos altamente simbólicos. Dios dijo a la serpiente:

Enemistad pondré entre tí y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (Gén. 3:15).

En consecuencia, la verdadera pregunta con la que hay que comenzar no es algún debate artificial entre simbolismo y literalismo, sino un punto mucho más básico: ¿Debe nuestra interpretación ser bíblica o especulativa? En otras palabras, cuando trato de entender o explicar algo de la Biblia, ¿debo ir a la misma Biblia para encontrar las respuestas, o debo inventar algo "creativo" por mi propia cuenta? Plantear la pregunta de esta manera es mucho más exacto, y producirá resultados más fructíferos.

Permítaseme usar un ejemplo extremo para explicar lo que quiero decir. El libro de Apocalipsis describe a una mujer vestida de sol, de pie en la luna, y en labores de parto, mientras un dragón revolotea cerca para devorar al hijo. Probablemente, un intérprete radicalmente especulativo se volvería primero a las noticias sobre los experimentos genéticos más recientes para establecer si el tamaño y la composición química de la mujer podría alterarse lo suficiente como para vestirse de sol; también averiguaría si el monstruo de Loch Ness ha salido a la superficie recientemente. Por otra parte, un intérprete bíblico comenzaría por preguntarse: ¿De qué parte de la Biblia procede esta imagen? ¿Dónde habla la Biblia de una mujer en labores de parto, y cuál es su
importancia en esos contextos? ¿Dónde habla la Biblia de un dragón? ¿Dónde habla la Biblia de alguien que trata de asesinar a un bebé? Si vamos a entender el mensaje de la Biblia, tenemos que adquirir el hábito de hacer preguntas como éstas.

Por supuesto, cada enfoque tiene sus inconvenientes. Los principales inconvenientes del método bíblico es que, por lo general, requiere más trabajo, y se necesita estar más familiarizado con la Biblia. El principal inconveniente del método especulativo, con todo su sensacionalismo, es que simplemente no es bíblico.

El lenguaje de los profetas

Como mencioné más arriba, gran parte de la Biblia se escribió en símbolos. Una manera útil de entender esto, quizás, sería hablar de estos símbolos como una serie de moldes y asociaciones. Con esto quiero decir que el simbolismo bíblico no es un código. En vez de eso, es una manera de ver, una perspectiva. Por ejemplo, cuando Jesús habla de "agua de vida" (Juan 4:10), reconocemos correctamente que está usando el agua como símbolo. Entendemos que, cuando le habló a la mujer junto al pozo, no le estaba ofreciendo sólo "agua". Le estaba ofreciendo la vida eterna. Pero la llamó "agua". Inmediatamente, debemos preguntar: ¿Por qué hizo eso? Podría haber dicho simplemente "vida eterna". ¿Por qué habló en metáforas? ¿Por qué quería que ella pensara en agua?

Ahora bien, aquí es donde podemos cometer un grave error, y éste es el principal error de algunos intérpretes que tratan de utilizar un enfoque "simbólico". Es creer que el simbolismo bíblico es principalmente un rompecabezas que nosotros tenemos que resolver. Y de pronto tenemos que decidir: "¡Ajá! Agua es una palabra clave especial que significa vida eterna. Eso significa que, cada vez que la Biblia de agua simbólicamente, en realidad está hablando de la vida eterna; cada vez que alguien bebe algo, en realidad se está convirtiendo en cristiano". Simplemente, no funciona así (como usted lo verá si trata de aplicar esto en toda la Biblia). Además, ¿qué sentido tendría que la Biblia simplemente pusiera todo en clave? La Biblia no es un libro para espías ni sociedades secretas; es la revelación de Dios acerca de Sí mismo para su pueblo del pacto. La interpretación mística, como de resolver un acertijo, tiende a ser especulativa; no presta suficiente atención a la manera en que la Biblia misma habla.

Cuando Jesús le ofreció "agua" a la mujer, quería que ella pensara en las múltiples imágenes relacionadas con el agua en la Biblia. Por supuesto, en sentido general, sabemos que el agua está asociada con el refrigerio espiritual y la sustentación de la vida que viene con la salvación. Pero las asociaciones bíblicas con el agua son mucho más complejas que eso. Esto es porque entender el simbolismo bíblico no significa descifrar una clave. Se parece mucho más a leer buena poesía.

El simbolismo de la Biblia no está estructurado en un estilo llano, de esto significa aquéllos. En su lugar, se ha de leer visualmente. Debemos ver las imágenes surgir delante de nosotros en sucesión, capa tras capa, permitiéndoles que evoquen una respuesta en nuestras mentes y nuestros corazones. Los profetas no escribieron para crear estimulantes ejercicios intelectuales. Escribieron para enseñar. Escribieron en símbolos visuales, dramáticos; y si queremos entender plenamente su mensaje, tenemos que apreciar su vocabulario. Tenemos que leer la Biblia visualmente. Los símbolos visuales mismos, y lo que la Biblia dice acerca de ellos, son aspectos importantes de lo que Dios quiere que aprendamos; de lo contrario, no habría hablado de esa manera.

Así que, cuando la Biblia nos cuenta una historia sobre agua, "en realidad" no nos está hablando de nada más; nos está hablando de agua. Pero, al mismo tiempo, se espera que veamos el agua y que pensemos en las asociaciones bíblicas con respecto al agua. El sistema de interpretación ofrecido aquí no es ni "literalista" ni "simbólico"; toma el "agua" en serio y literalmente, pero también toma en serio lo que la palabra de Dios asocia con el agua a través de toda la historia de la revelación bíblica.

¿Cuáles son algunas de las asociaciones bíblicas que se le podrían haber ocurrido a la mujer junto al pozo, y a los discípulos? He aquí algunas de ellas:
  1. La masa acuosa, fluida, que era la naturaleza original de la tierra en la creación, y de la cual Dios creó toda la vida (Gen. 1);
  2. El gran río de Edén que regaba toda la tierra (Gen. 2);
  3. La salvación de Noé y de su familia por medio de las aguas del diluvio, de las cuales la tierra fue re-creada (Gen. 6-9).
  4. Las revelaciones de Dios por gracia a Agar al lado de una fuente (Gen. 16) y de un pozo (Gen. 21);
  5. El pozo llamado Rehoboth, donde Dios dio señorío a Isaac (Gen. 26);
  6. El río del cual el bebé Moisés, el futuro liberador de Israel, fue sacado y se convirtió en príncipe (Ex. 2);
  7. El cruce redentor del Mar Rojo, donde Dios nuevamente salvó a su pueblo por medio de agua (Ex. 14);
  8. El agua que fluyó de la Roca golpeada en Sinaí, dando vida al pueblo (Ex. 17);
  9. Los muchos rociamientos rituales en el Antiguo Testamento, significando la remoción de la suciedad, la contaminación, la enfermedad y la muerte, y la imposición del Espíritu a los sacerdotes (por ejemplo, Lev. 14; Núm. 8);
  10. El cruce del río Jordán (Josué 3);
  11. El sonido del estruendo de aguas causado por la columna de nube (Eze. 1); 
  12. El río de vida que fluía desde el templo y saneaba el Mar Muerto (Eze. 47).
Así que, cuando la Biblia habla de agua, se supone que tengamos en mente una vasta hueste de conceptos asociativos, una complejidad de imágenes bíblicas que afecta nuestros pensamientos sobre el agua. Para decirlo de manera diferente, se supone que el agua sea como un "murmullo", un término que evoca muchas asociaciones y connotaciones. Cuando leemos la palabra agua, debe recordarnos los actos salvadores y las revelaciones salvadoras de Dios por medio del agua a través de la Escritura. La Biblia usa muchos de estos "murmullos", y el número de ellos aumenta a medida que se avanza hasta que, para cuando llegamos al Apocalipsis (la cabeza de ángulo de la profecía), todos ellos vienen a la vez hacia nosotros a gran velocidad, en un ventarrón de referencias asociativas, algunas de las cuales son obvias, otras oscuras. Para el que conoce realmente su Biblia y ha observado los patrones literarios y las imágenes literarias, gran parte del libro aparecerá familiar; para el resto de nosotros, es confuso. En Apocalipsis, somos confrontados por todas las connotaciones bíblicas de numerosas imágenes: no sólo de agua, sino también de luz, fuego, nubes, ángeles, estrellas, lámparas, alimentos, rocas, espadas, tronos, arco iris, vestiduras, truenos, voces, animales, alas, aves de rapiña, ojos, llaves, trompetas, plagas, montañas, vientos, mares, altares, sangre, langostas, árboles, cabezas, cuernos, y coronas.

Apocalipsis también nos presenta imágenes de una mujer, un dragón, un desierto, una marca en la frente, una hoz, perlas, un lagar, una copa de vino, una ramera, un río, Sodoma, Egipto, Babilonia, resurrección, una boda, una cena de bodas, el Esposo, y la ciudad/esposa en forma de una pirámide. Y luego está al uso de números simbólicos: dos, tres, cuatro, siete, diez, doce, y múltiplos de ellos - 24, 42, 144, 666, 1000, 1260, 7000, 12000 y 144000.

Por eso es necesario entender la Biblia y el uso que ella hace de símbolos y patrones si es que alguna vez vamos a entender el libro de Apocalipsis. Los siguientes capítulos sobre el tema del paraíso en la Escritura están diseñados para introducir al lector al uso que la Biblia hace de imágenes. 

Esencialmente, esto es un ejercicio en teología bíblica, el término técnico para designar el estudio de la revelación progresiva de Dios sobre la salvación. En principio, toda la historia de la redención se enseña en los primeros capítulos de la Biblia: el resto simplemente se construye sobre el fundamento echado allí. Por eso, como veremos más adelante, las revelaciones posteriores dependen en gran medida del tema del huerto de Edén.

Al entrar en este estudio de las imágenes bíblicas, revisemos las reglas
básicas: 
  1. Lea visualmente; trate de representarse lo que la Biblia está diciendo. 
  2. Lea bíblicamente, no especule ni haga abstracciones, sino preste mucha atención a lo que la Biblia misma dice sobre sus propios símbolos.
  3. Lea el relato; trate de pensar en cómo contribuye cada elemento de la Biblia a su mensaje de salvación como un todo.