domingo, 6 de enero de 2013

Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días


Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días

por Diac Gonzalez

Ha habido mucha especulación con este versículo, pero quiero hacerles dos preguntas a los “futuristas”, aunque no esperaré y las responderé yo mismo:

¿Para quién iba dirigida la siguiente sentencia que dio Jesús, y por qué?: "Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo." (Lc. 21:23) (Citas paralelas: Mt. 24:19 y Mr. 13:17)

1.- ¿Para quién? Para la generación de mujeres judías que estuvieran vivas y que tuvieran criando o que estuvieran embarazadas “en aquellos días”, se refiere a los 3 años y medio ocurridos entre el 66 y el 70 d.C. En el mismo contexto de la cita bíblica principal aquí expresada, Jesús dejó ver que “aquellos días” sucederían en ese mismo siglo (I) no el XXI como se ha interpretado erróneamente: “De cierto os digo, que no pasará ESTA GENERACIÓN hasta que todo esto acontezca.” (Lc. 21:32). Pero si esto no les convence les colocaré una versión (entre varias) que no dejará ninguna duda: “Y os aseguro que cuanto os he dicho se cumplirá antes que pase LA PRESENTE GENERACIÓN” (Versión Castilian - CST-IBS)

2.- ¿Por qué? Jesús mismo lo dijo: "porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo". Él se refirió al tiempo que se llamó "la gran tribulación" y que sucedió en el lapso de tiempo que mencioné en la respuesta anterior. Fue un tiempo de retribución donde Dios derramó su ira sobre la nación israelita y puso fin al sistema judaico, es lo que se llamó el fin de la era (judaica), no se refiere al fin del mundo como se ha interpretado también erróneamente. Esta fue una recompensa que recibió el Israel apostata por haber derramado la sangre de los profetas y más que todo la sangre de su propio Hijo. Esto se cumplió en Apocalipsis 16 (me refiero al fin del sistema judaico con su templo como centro).

Evidencia histórica del suceso:

• “Prendiendo también a muchos de los nobles, llevábanlos a Floro, a los cuales, después de haberlos mandado cruelmente azotar, mandábalos ahorcar. Mataron aquel día, entre mujeres y niños con los demás, porque no perdonaron aún a los niños de teta, seiscientos treinta.” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro II, Capitulo XIV)

• “Era lástima de ver todas las ciudades llenas de cuerpos muertos, sin que fuesen sepultados; ver derribados los cuerpos de los hombres, así viejos como mancebos, niños y muchas mujeres también, con los cuerpos y vergüenzas todas descubiertas. Estaba toda la provincia llena de muchas adversidades y destrucciones, y temían mayores males y daños que hasta ahora habían pasado.” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro II, Cap. XIX.

• “Era esta vida muy miserable, y espectáculo muy digno de lágrimas, teniendo demasiado los más poderosos, y los flacos se quejaban de tan gran injuria y daño, porque el hambre mataba y estragaba más gente que los enemigos; no hay cosa que tanto dañe al hombre, ni lo eche a perder, como la vergüenza, porque lo que es digno de reverencia, en tiempos de hambre se menosprecia; de esta manera quitaban lo que comían, de la boca, las mujeres a los maridos, los hijos a los padres, y lo que peor y más miserable parecía, era ver las madres quitar de la boca de sus hijuelos la comida, y muriéndose de hambre los hijos entre sus brazos, no por eso lo dejaban de hacer, ni de tomarles la sangre con que habían de vivir.” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro VI, Cap. XI)

• “No murieron todos de una manera, porque los unos fueron alcanzados en las calles y en los campos, y los otros cerrados en sus casas y con ellas quemados vivos, robando primero lo que dentro hallaban, sin que los moviese ni refrenase la honra que debían guardar con la vejez de muchos, ni la misericordia a los niños; antes mataban igualmente a todos.” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro II, Cap. XXI)

• “la matanza, de las manos de los romanos, porque no perdonaron ni aun a los niños que mamaban, de los cuales fueron echados muchos de la torre abajo.” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro II, Cap. III)

• “Como, pues, venida la noche viese Juan que los romanos no tenían algunas guardas cerca de la ciudad, no dejando perder esta ocasión, tomó su camino huyendo a Jerusalén; y con él no sólo aquella gente de armas que tenía consigo, pero aun muchos de los más viejos con todas sus familias. Hasta veinte estadios bien le parecía a él que le seguirían las mujeres y niños, y toda la otra gente que consigo llevaba, aunque era hombre que tenía miedo de ser cautivo y de no salvarse; y pasando más adelante, dejaba su gente, y levantábanse aquí llantos muy tristes de los que atrás quedaban; porque cuanto más lejos cada uno estaba de los suyos, tanto más cerca les parecía estar de los enemigos. Pensando que estaban ya muy cerca los que habían de prenderles, mostrábanse ciertamente muy amedrentados; y con el ruido que ellos hacían corriendo, volvíanse muchas veces a mirar atrás; como si aquellos de los cuales, ellos huían, les estuviesen ya encima: y así huyendo, caían muchos y había pelea entre ellos mismos sobre quién más huiría, pisándose unos a otros. Las muertes de las mujeres y niños era cosa muy miserable. Si alguna voz daban ellas, era rogar algunas a sus maridos, y otras a sus parientes, que las esperasen…” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro IV, Cap. IV)

• “Sujetados éstos, Cercalo partió para Chebrón, otra ciudad muy antigua, fundada, como dije, en las partes montañosas, no muy lejos de Jerusalén; y entrando por fuerza, mató a cuantos dentro hallar pudo, así mozos, como niños y viejos; y quemó después la ciudad.” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro V, Cap. VIII)

• “Los viejos eran heridos si querían defender esto; las mujeres eran despedazadas porque escondían lo que tenían en las manos; no había misericordia, ni del viejo, por cano que fuese, ni del niño, por niño que era; sino apartaban a los niños que estaban colgados del bocado de la madre, y echábamos a tierra, y si alguno se les adelantaba, y se comía lo que ellos habían de robar, eran contra éste no menos crueles que si hubieran sido por él muy dañados.” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro VI, Cap. XI)

• “Fuéles quitada a los judíos la licencia y facultad que tenían de salir, y con esto perdieron la esperanza de alcanzar salud ni poder salvarse: el hambre había ya entrado en todas las casas generalmente y en todas las familias. Estaban las casas llenas de mujeres muertas de hambre, y de niños, y las estrechuras de las calles estaban también llenas de hombres viejos muertos: los mozos y mancebos andaban sin color, casi como muertos…” (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, Libro VI, Cap. XIV)

• “Diciendo estas cosas miró a toda su familia con los ojos furiosos y llenos de lástima y compasión: tenía mujer, tenía hijos, y tenía padres y parientes muy viejos. Tomando, pues, primeramente a su padre por los cabellos, y echándose de pies sobre él, le pasó con su espada; después mató a su madre, no contra su voluntad, y después de éstos quitó la vida a sus hijos y mujer, tomando cada uno de éstos de voluntad la Muerte, por no caer en manos de sus enemigos. Habiendo ya muerto a todos los suyos, estando aún encima de los muertos, levantó su mano, así que todos lo pudiesen ver y saber, y pasó la espada por sus propias entrañas, siendo un mancebo ciertamente digno de que se tuviese de él gran lástima por la fuerza de su cuerpo y firmeza de su ánimo; pero por haber sido fiel con la gente extranjera, hubo digna muerte y fin de su vida.” (Flavio Josefo, Guerras de los Judíos, Libro II, Cap. XIX)

• “Sabiendo los de dentro cómo los romanos habían entrado, los unos se recogían a la torre arrebatando sus hijos y mujeres con gritos y clamores grandes que daban; otros salían al encuentro a Tito, y eran allí todos muertos; y los que no podían recogerse a la torre, no sabiendo qué hacer de sí mismos, daban en la guarnición de los romanos, y en todas partes se oían los gemidos de gente que moría: la sangre que corría por aquellos lugares, que estaban altos y recostados, llenaba toda la ciudad.” (Flavio Josefo, Guerras de los Judíos, Libro IV, Cap. III)

• “Venían entre éstos algunos de la gente de pelea de los judíos, por no bastarles ya lo que robaban; pero la mayor parte era de la gente más pobre y popular, los cuales no osaban huir a los romanos por miedo de los suyos, porque no veían la manera para huir escondidamente, sin que los que buscaban las revueltas y sediciones los sintiesen con sus hijos y mujeres, temiendo dejarlos en poder de ladrones tales, para que fuesen por causa de ellos degollados.” (Flavio Josefo en Guerras de los Judíos, Libro VI, Capitulo XII)
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Imagen agregada de internet, en la misma se representa la locura que se vivió en la ciudad de Jerusalén en ese tiempo.